Guarda tu corazón, tu mente y tu boca con la palabra de Dios, Porque de la abundancia del corazón habla la boca. No dé lugar a las críticas destructivas, éstas son obstáculos que impiden llegar a la presencia de Dios.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Filipenses 4:8

Todo lo que sale de la boca procede del corazón sea bueno o malo. Hay un pecado grande que afecta al ser humano y es el espíritu de críticas destructivas o mejor conocido como el chisme. Puesto que todos nosotros hemos sido culpables de este pecado en algunas etapas de nuestras vidas, es necesario estar alertas y hacerle un pare para no seguir esclavizados de ese pecado.

Como hijos de Dios es necesario dejar que Dios guíe nuestro corazón, de modo que la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.

Es necesario también que la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él. Colosenses 3:15-17
La palabra del Señor es la que nos fortalece y nos da la libertad para combatir todo obstáculos en nuestro caminar con Él.

Para ser libre del chisme, necesitamos una completa transformación desde adentro hacia afuera. Este proceso no se puede logran por la propia persona, el Señor Jesucristo tiene que intervenir para que suceda el cambio.

El Espíritu Santo es el autor del cambio; es la habitación interior del Espíritu divino que restaura y transforma al hombre caído a imagen del Señor. Ese es el trabajo de Dios para nuestras vidas.

Jesús tiene la habilidad y el poder de crear en nosotros un corazón nuevo que produzca palabras de aliento al que anda desanimado. Los chismes son obras de Satanás para traer división, para acusar y para destruir y eso es lo que vemos hoy en nuestros medios.

Hoy las gentes del mundo se goza y se entretiene con las desgracias que les pasa a otro, parece que disfrutan de sus tragedias. Aun no es todo, en muchos de los casos la víctima es inocente de la acusación y los chismosos se las ingenian para formular críticas destructivas.

Como hijos de Dios estamos llamados en este mundo para hacer la diferencia, pues este mundo está lleno de críticas destructivas y de acusaciones. Estamos llamados para llevar compasión y no condenación, que nuestros corazones siempre estén alineados al corazón de Jesús, Él es amor.

Procediendo así, cuando nos vean inmediatamente reconocerán que Jesús mora en nosotros. Como hijos de Dios es de suma importancia dejarnos llevar por el Espíritu Santo, que sea Él quien dirija nuestros corazones al momento de hablar.

Si nuestras conversaciones están fuera de lugar, Un día vamos a rendirle cuentas al Señor por todo lo que ha salido de nuestra boca sea bueno o malo. La habilidad de comunicarnos es un regalo que solo Dios nos da, por tanto debemos ser cuidadosos a cómo utilizar este regalo.

El poder de la lengua es tan grande que puede brindar vida o muerte. Lo que decimos o hablamos puede sanar al enfermo y llevarlo cerca del Padre celestial. Mas cuando usamos este bello regalo de manera inapropiada, las personas se apartan de nosotros y de Dios.

Santiago nos da un claro detalle de la naturaleza destructiva de la lengua del ser humano y asemeja la lengua como a un fuego: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí !Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:5-6).

Cuando permitimos que nuestras palabras se conviertan como fuego en nuestras vidas y en las de los demás ésta solamente siembra destrucción. Palabra de Dios es esta: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:1-5).

Las personas que se la pasan entreteniéndose con el chisme y abren sus corazones para que éste entre en sus vidas, andan en rebelión, desobediencia y en un alejamiento de la presencia del Señor.

Dice la palabra del Señor que ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. (Romanos 1:28-32).

El enemigo es el padre de las mentiras y su único objetivo es matar dividir, robar y destruir. Estamos viviendo en los últimos tiempos es tiempo de echar fuera toda maldad de manera que nos  enfoquemos más  en Jesús, y adorarlo con nuestros labios y todo nuestro ser.

Que sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío. Salmos 19:14

Si no les ha dado tu vida al Señor como el Salvador espiritual de tu vida, te invito a que busque de Jesús; en Él encontrarás tu sanidad. Padre celestial, reconozco que soy pecador(a).

Me arrepiento de mis pecados. Creo que Jesucristo murió por mis pecados, que resucitó al tercer día y vive para siempre. Creo que Jesús es el Hijo de Dios. Abro la puerta de mi corazón y de mi vida, y lo recibo como mi Salvador.

Deseo que Él sea el Señor de mi vida. Gracias por salvarme y sanarme, en el nombre de Jesús, amén. Si decidiste convertirte en un cristiano en el día de hoy, bienvenido a la familia de Dios. Ahora, como una forma de crecer más en Su Palabra.

Comparte tu experiencia con otras personas de tu nueva fe en Cristo. Bautízate como lo ordenó Cristo. Pasa tiempo con Dios cada día, simplemente desarrolla el hábito diario de orar y leer su Palabra.

Pídele a Dios que incremente tu fe y te de comprensión de su palabra; aplícala en tu diario vivir. Encuentra una iglesia local en la que puedas adorar a Dios.

B. Flores,
Bendiciones

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