1 Samuel 1-28

Escrito el 12 de Octubre de 2011

La historia de Ana está enmarcada en muchos misterios que reflejan la grandeza y el poderío de Dios, también refleja el amor y la gracia de Dios por todos nosotros.
La historia no empieza con Ana, sino empieza hablando acerca de Elcana el marido de Ana. El nombre de Elcana significa “el celo de Dios,” Dios es celoso con Su Novia y hace lo que sea para bendecir y proveer a Su Novia.

“Hubo un hombre de Ramataim, sufita de los montes de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Tenía dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina.

Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía. Todos los años, aquel hombre subía de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí: Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová.

Cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina, su mujer, la parte que le correspondía, así como a cada uno de sus hijos e hijas. Pero a Ana le daba una parte escogida, porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos” (1 Samuel 1:1-5).

Elcana tenía dos mujeres que se llamaban Ana y Penina. El nombre de Ana significa gracia, en cambio el nombre de Penina significa perla hermosa. Recuerda que las perlas son hermosas pero para llegar a esa hermosura tienen que pasar por un proceso muy fuerte y doloroso.

En el versículo cuatro nos habla que cuando Alcana ofrecía sacrificios a Jehová, él daba a Penina su mujer y a sus hijos la parte que les correspondía. Pero a Ana le daba una parte escogida, porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos.

Ana era estéril. Cabe recordar que para ese tiempo, el propósito de la mujer era el de ser madre y dar a luz muchos hijos. Una mujer estéril era como una maldición o una enfermedad contagiosa.

Me llama la atención que Ana no se conformaba con la parte que le daba Elcana, no porque ella quería más dinero o su corazón estaba con avaricia por poseer más, sino porque había algo dentro de ella que la entristecía mucho. Ana era estéril y no podía tener hijos.

Esa tristeza muchas mujeres la han pasado y se pueden identificar con ella. Ana no era feliz aunque lo tenía todo, su esposo la amaba aunque ella no le podía dar hijos, él siempre la tenía en un lugar especial.

El cuidado de Alcana hacia Ana no era suficiente para ella. Ana sabía que había algo más en su corazón para seguir persistiendo y para seguir luchando.

Ana no se conformó con la porción escogida de su esposo, ella no deseaba la porción de hombre, sino la Porción de Jehová. Ana puso la mirada en las cosas de Dios por medio de la oración.

Hermanos es necesario saber que hay algo más cada día para llenar nuestros corazones con la palabra de Dios, no nos podemos conformar con una simple reunión, es necesario ir más allá en busca de la llenura que sacia nuestra alma por medio del Espíritu Santo de Dios.

La porción de Elcana  no la dejó satisfecha, ella quería más. El Señor te dice: “Hay algo más para tu vida”.  Todo obra para bien y todo tiene un propósito para el Señor aunque en el proceso derramemos lágrimas. Hermanos quizás te sientes que te estás hundiendo y vea las cosas oscuras y sin salidas pero hay razones para todas las cosas.

La esterilidad de Ana la llevó a un acercamiento a Dios como nunca antes, lo que ella miraba por perdido, Dios lo tenía reservado por ganancia.

Dice la palabra en el versículo seis que su rival Pinina hacia enojar a Ana y la irritaba porque Jehová no le había concedido tener hijos.

Probablemente te encuentras angustiada e irritada por situaciones igual a la de Ana o te encuentras en un problema que te tiene enojada, desesperada y no sabe qué hacer. Escúchame ahora, los caminos del Señor son misteriosos, Pinina tenía que formar parte para la prueba de Ana.

Muchas veces le pedimos a Dios, “Señor quita a esa mujer de mi camino”  “quita esa tormenta de mi camino, ya no puedo más.” Lo mismo le aconteció al Señor Jesucristo en Marcos 14:35 y 36 leemos: “Yendo un poco más allá, se postró en tierra y empezó a orar que, de ser posible, no tuviera Él que pasar por aquella hora.

Decía: «Abba, Padre, todo es posible para Ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que Yo quiero, sino lo que quieres Tú.”

Cuando nos encontramos en situaciones amargas y muy difíciles tenemos la tendencia de buscar ayuda a nuestros padres terrenales para que nos conforten y para que nos abriguen con su apoyo.

El Señor Jesús en medio de su aflicción llamó a su Padre Abba, Padre que significa Papito.  No sé  por lo que tú estás pasando ahora pero siento tus lágrimas porque yo también estoy llorando.

Escúchame, aunque tu padre y tu hermanos te abandonen, aunque te sientas estéril  en muchas áreas de tu vida, recuerda que el Padre jamás te dejarás huérfana (o).

Cobra ánimo y aférrate a Jesús, pon tu mirada por fe en el Señor Todopoderoso, Jehová de los Ejércitos.  Él está listo para escucharte y para servirte en lo que tú necesitas como lo hiso con Ana.

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos ” (Mateo 20:28). Fue necesario que Pinina esté al lado de Ana para cuando se cumpliera el propósito del Señor para el destino de Ana.

Ana no se quedó con los brazos cruzados, ella no le hiso caso a Pinina, ella dejó sus penas atrás y decidió a levantarse poniendo su mirada en Dios y Jehová la bendijo con una Doble Porción de Su amor.

Cuando Dios bendijo a Ana con su primer hijo Samuel, Pinina le sirvió como partera y le servía. “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con Su propósito” (Romanos 8:28).

Colosenses 4:2 nos exhorta: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”.

Bendiciones

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