Poder de Dios

“Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.” (Éxodo 15:26).

El Señor se dirige a Su pueblo, nosotros somos Su pueblo escogido, y Él nunca retarda Sus promesas. Cuando les somos fieles y guardamos Su palabra, Dios, es fiel a Sus promesas, es cuestión de arrepentirnos, creer en la Palabra de Dios y ponerla en práctica en nuestras vidas.

Durante este caminar con Dios, es importante reconocer en donde estamos mal, e ir a la presencia del Señor en un acto de humillación y arrepentimiento. Hay caminos que recorremos en donde pensamos que estamos bien, pero Dios nos muestras otro camino mejor.

Todo aquel que tiene fe y sabe que está viviendo para Dios, debe decir como David dijo:”Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (139:23-24). Esa es una actitud de rendición y humildad y a Dios le agrada.

Dice la Palabra de Dios en salmo 51:17 “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios. Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Ahí mismo donde te encuentras te invito a memorizar estas promesas de sanidad para tu vida y hazla parte de ti, atesórala en tu corazón y confía por fe que lo que tú estas confesando se hará realidad en tu vida. Recuerda que la palabra de Dios no retorna vacía, se quedan en el corazón. Hay poder en la Palabra de Dios cuando la creemos y la confesamos por fe en nuestras vidas. El Señor Jesucristo nos dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:20-24).

Es tiempo de declarar por fe tu sanidad en el nombre de Jesús. El Señor es nuestro sanador, de Él mana sanidad, de Su Palabra mana sanidad cuando confiamos plenamente en ella. El Señor quiere sanarte hoy, Declara estas promesas de Sanidad Divina para tu vida en el Nombre de Jesús. Sométete a una vida de oración, estudia Su Palabra y medita en ella, arrepiéntete, perdona y vive una vida agradable a Dios.

La Palabra de Dios está llena de promesas y de sanidad, he aquí algunas Escrituras en referencia a Sanidad Divina, hazla parte de tu vida diaria, ella es medicina a tus huesos y sanidad a tu alma. El Señor es tu Padre, Él te ama y nunca se ha olvidado de ti, Él te dice hoy: “Atiende a Mis Palabras hijo mío, préstales atención, sométete a mis dichos, inclina tu oído a mis razones, porque son vida a los que las hallan, y medicina, sanidad, y salud a todo su cuerpo.” PROVERBIOS 4:20-22

«Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, predicando las buenas noticias del reino (el Evangelio) y curando (sanando) todas las enfermedades y debilidades, y las dolencias entre la gente del pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los que sufrían padecimientos graves, a los endemoniados, los epilépticos, lunáticos y paralíticos, y Jesús los sanó» (MATEO 4:23-24).

«Y diciendo Señor, mi criado está en la casa enfermo, paralizado y sufriendo terribles dolores, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: “Yo iré y le sanaré” (le restauraré) … entonces Jesús le dijo al centurión: “Vete, y como creíste, te sea hecho.” Y su criado fue sanado en aquella misma hora» (MATEO 8:6-7,13).

«Y he aquí se le acercó un hombre enfermo de lepra y se postró ante El y adorándole, diciendo:”Señor si quieres puedes limpiarme y curarme”. Jesús extendió su mano y le tocó diciendo: “Quiero, ¡sé limpio, quedas curado!” E inmediatamente su lepra desapareció, y fue limpio y curado» (MATEO 8:2-3).

«Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto, porque decía dentro de sí “Si tocare solamente su manto quedaré sana” Jesús, volviéndose y mirándola dijo “Animo hija, por tu fe, has sido sanada.” Y la mujer fue curada desde aquella misma hora» (MATEO 9:20 22).

«Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que El estaba. Y dondequiera que entraba en aldeas, ciudades, o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto, y todos los que le tocaban, quedaban sanos» (MARCOS 6:55-56).

Que el Señor Todopoderoso, derrame bendiciones de sanidad en tu vida. Amén.
Escrito: El 22 de Diciembre del 2012

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