Poder de Dios
“Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.” (Éxodo 15:26).
”Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (139:23-24).
Salmo 51:17 “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios. Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:20-24).
“Atiende a Mis Palabras hijo mío, préstales atención, sométete a mis dichos, inclina tu oído a mis razones, porque son vida a los que las hallan, y medicina, sanidad, y salud a todo su cuerpo.” PROVERBIOS 4:20-22
«Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, predicando las buenas noticias del reino (el Evangelio) y curando (sanando) todas las enfermedades y debilidades, y las dolencias entre la gente del pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los que sufrían padecimientos graves, a los endemoniados, los epilépticos, lunáticos y paralíticos, y Jesús los sanó» (MATEO 4:23-24).
«Y diciendo Señor, mi criado está en la casa enfermo, paralizado y sufriendo terribles dolores, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: “Yo iré y le sanaré” (le restauraré) … entonces Jesús le dijo al centurión: “Vete, y como creíste, te sea hecho.” Y su criado fue sanado en aquella misma hora» (MATEO 8:6-7,13).
«Y he aquí se le acercó un hombre enfermo de lepra y se postró ante El y adorándole, diciendo:”Señor si quieres puedes limpiarme y curarme”. Jesús extendió su mano y le tocó diciendo: “Quiero, ¡sé limpio, quedas curado!” E inmediatamente su lepra desapareció, y fue limpio y curado» (MATEO 8:2-3).
«Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto, porque decía dentro de sí “Si tocare solamente su manto quedaré sana” Jesús, volviéndose y mirándola dijo “Animo hija, por tu fe, has sido sanada.” Y la mujer fue curada desde aquella misma hora» (MATEO 9:20 22).
«Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que El estaba. Y dondequiera que entraba en aldeas, ciudades, o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto, y todos los que le tocaban, quedaban sanos» (MARCOS 6:55-56).
Palabra de Dios










