Él regresará

Vivimos en tiempos donde todo parece moverse con rapidez, donde las distracciones abundan y el corazón puede enfriarse si no permanece firme en la fe. Sin embargo, hay una verdad que no cambia ni se detiene: Cristo regresará. Y regresará tan cierto como el aire que respiramos, tan real como la vida misma que fluye en nosotros.

La Palabra nos recuerda que vendrá por un pueblo preparado, un pueblo vestido de ropas blancas, que ha decidido caminar en santidad, fe y obediencia. No es tiempo de descuidarnos ni de dormir espiritualmente, sino de despertar, de alinear nuestro corazón con Su voluntad y de vivir cada día con la mirada puesta en lo eterno.

“Puede ser hoy” … esa frase no debe producir temor, sino una urgencia de fe y de estar alerta. Nos invita a examinar nuestro interior, a perdonar, a amar, a creer y a perseverar. El mensaje Nos llama a vivir de tal manera que, si hoy fuera el día, estemos listos para encontrarnos con Él.

Y en medio de cualquier prueba, cansancio o incertidumbre, hay una promesa que sostiene el alma: Él nos levantará. No importa cuán difícil haya sido el camino, ni cuántas veces hayamos sentido debilidad; Su poder es suficiente para levantarnos, transformarnos y llevarnos a Su presencia.

Aférrate a esa esperanza. Camina con fe. Permanece firme. Porque sí, puede ser hoy cuando Él regresará… y bienaventurados serán aquellos que estén preparados.
No importa si estás a punto de caer o sientes que tus fuerzas ya no dan más. Hoy, el Señor te levanta en medio de tu proceso.

Tal vez dirás: “Mis vestidos están muy sucios, mis pecados son grandes… ¿cómo Dios me va a levantar?” Pero hay una promesa poderosa de parte de Dios para cada uno de nosotros: Él recoge lo que para otros no sirve. Él restaura lo que parece perdido. Él limpia, transforma, endereza lo torcido y da una nueva oportunidad.

Yo soy testimonio de ello. Él me recogió, limpió mis vestidos y transformó mi vida. Y así como lo hizo conmigo, también lo hará contigo cuando decidas confiar en Él, aun en medio del proceso… aun cuando sientas que tus pies están más aferrados a las cosas del mundo… aun cuando tu fe sea débil. La misericordia de Dios se extiende a tu vida y a tu casa.
Así como lo hizo con la mujer samaritana. Ella era despreciada, señalada, pecadora… pero el Señor fue a su encuentro en el momento más necesario. Allí, junto al pozo, mientras sacaba agua —símbolo de purificación, vida y salvación— Jesús le ofreció algo mayor: el agua viva.

Esa agua que no solo limpia, sino que da vida eterna. Esa agua que sana, restaura y produce un nuevo nacimiento. Como está escrito en Juan 4:10-14, Jesús es el agua viva.
Hoy te pregunto: ¿quieres beber de esa agua?
Tal vez has pasado por muchos procesos. Quizás sientes que cuando sales de uno, entras en otro, como le sucedía a aquella mujer. Pero un día, Jesús llegó… y lo cambió todo. Llenó su vida de propósito, de esperanza y de una vida en abundancia.

No sé cuál es tu situación hoy, pero Dios sí la conoce. Y en este momento quiere alcanzarte, levantarte y llenarte de Su agua viva. Quiere renovar tu vida y derramar sobre ti bendiciones nuevas cada mañana.
El mismo que se le apareció a la mujer samaritana… vendrá otra vez.

¿Estás preparado?

www.ministeriosdesanidad.com


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