Dios devolverá lo que el enemigo te robó
2 Samuel 9:1-13 (RVR1960

Haré contigo misericordia.

Mefiboset era hijo de Jonatán y Jonatán era el hijo del rey Saúl. Aconteció que Mefiboset tenía cinco años cuando quedó lisiado debido a un accidente. Cuando su nodriza escuchó la noticia que el rey Saúl y su hijo Jonatán habían muerto, ella tomó al niño (Mefiboset) y huyó; escapando apresuradamente, y en medio de la prisa, se le cayó el niño y él quedó lisiado de las piernas. (2 Samuel 4:4).

En las historias de realezas, príncipes y presidentes, siempre ocurre que en tiempos de guerras y conflictos lo primero que aseguran son los hijos y la familia en general. Hay lugares específicos para salvaguardar sus vidas de manera que ellos estén bien. Cuando leemos la historia de Mefiboset, podemos notar que a raíz de la muerte de su abuelo el rey Saúl y su padre Jonatán, no hubo tiempo para llevarlo a un lugar seguro, propio de un heredero de la corona real.

La vida de Mefiboset de la noche a la mañana dio un giro dramático pasando de heredero a un huérfano olvidado. Muchas veces pasamos por situaciones que no entendemos, pero detrás de toda circunstancia, hay un Propósito que más tarde, Dios nos lo revelará. Dios se acordó de Mefiboset como también se acuerda de ti hoy.

Este niño a la edad de cinco años fue llevado a un lugar olvidado y perdido en el silencio, a un lugar árido y sin pastos llamado Lodebar. Lodebar era un lugar del silencio, como también, un lugar diseñado para los huérfanos y desamparados que han vivido toda su vida en el olvido y la soledad. Ser olvidado por la sociedad es terrible hermanos, ser olvidado por las amistades y las familias, es un sentimiento muy profundo que conduce a la tristeza y traumas difíciles de resolver. Leyendo este corto mensaje, quizás te identifica con la historia y ha llegado a pensar que te encuentras viviendo en Lodebar. La Palabra de Dios brinda un refrigerio para todas aquellas personas que en algún momento dado han sentido un profundo abandono y nos dice: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmos 27:10, RV60).

El Señor no te ha olvidado, Jehová de los Ejércitos pelea por ti y te dice: “No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo Soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la Diestra de Mi Justicia” (Isaías 41:10) (RVR60).

Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. 2 Samuel 9:1-13

Las bendiciones de Mefiboset vinieron como consecuencia del Pacto que tuvo David con Jonatán el padre de Mefiboset; y por esa promesa, por ese pacto, Dios se acordó de Mefiboset. Dios se acordó de Mefiboset e hizo justicia con él. Mefiboset tuvo una caída que lo llevó al olvido, pero Dios se acordó de él.

El Padre Celestial, el Rey de reyes, nos hace recordar que somos Sus hijos y nos invita a sentarnos en Su Mesa. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo; si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos también glorificados” (Romanos 8:17, RV60). Nosotros somos hijos del Gran Rey, hemos sido lavados y vestidos con vestiduras no hecha por hombre, sino diseñada por Dios, por tanto, somos herederos de la Promesa. Por el Pacto que hizo Jesús en la Cruz del Calvario, nuestro Padre Celestial nos permite que nos sentemos en Su Mesa. Gloria a Dios, bendito sea el Nombre de Jesús. ¡Aleluya!

Esta historia es una reflexión para las vidas de los creyentes y no creyentes, debido a que hay muchas almas que se encuentran en Lodebar perdidos, y necesitan ser rescatados por medio del Evangelio de Dios. La historia de Mefiboset es una historia de esperanza para todas las personas que algún momento de su vida han pensado que Dios se ha olvidado de ellos. Tal vez ha pensado que has perdido todo, pero Dios extiende Su brazo de poder para ayudarte; el Señor te devolverá lo que el enemigo te robó.

Recordemos siempre que Dios es nuestra Fortaleza, y nuestro pronto auxilio en momentos de necesidad. !Alabado sea Su Santo Nombre!

Mensaje de Dios
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