Sanidad E Intervención Divina
“La batalla no es de ustedes, sino de Dios”. 2 Crónicas 20:15b (NTV)

El Señor Todopoderoso habló a Su pueblo diciéndoles que les devolvería la salud. Él les dijo que los libraría de todas las plagas, padecimientos y enfermedades que habían visto en Egipto. Ellos debían de atender y escuchar la voz de Dios y vivir una vida en obediencia a Sus Mandamientos. Los israelitas vieron muy de cerca el poder de Dios moverse en Poder, Milagros, y Prodigios. La misericordia de Dios libró de la esclavitud a los israelitas cuando estaban esclavos en Egipto, ellos alcanzaron a ver cuán grande es Dios, Su Soberanía; y Su gran amor por Su pueblo.

Cuando el faraón dejó ir a los israelitas los envió directamente hacia el mar, ya el faraón tenía muy bien pensado lo que iba a hacer con ellos, pues en esa dirección no había escapatoria. Cuando los israelitas iban en camino, el faraón trató de rematarlos y exterminarlos a todos, pero Dios con Su Poder abrió camino donde no había camino para que Sus hijos pasasen sin ninguna dificultad. ¡El Señor abrió el mar y todos pasaron en seco! Cuando Su pueblo pasó hacia el otro lado, Dios cerró el mar y los soldados del faraón, los que perseguían a los hijos de Dios; murieron ahogados. Gracias Señor porque Tú pelea mis batallas, por lo tanto, descanso y creo en Ti.

Con esta Divina enseñanza, Dios se mostró ante los israelitas como EL GRAN YO SOY. Dios los instruyó para que no cayeran de nuevo en la esclavitud y les dijo: “Yo Soy el Señor su Dios. Si escuchan Mi Voz y hacen lo que Yo considero justo, y si cumplen Mis Leyes y Mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo Soy el Señor, que les devuelve la salud”.
(Éxodo 15:26)

Oración

Padre de amor y misericordia, Jehová de los Ejércitos es tu Nombre, Nombre que es sobre todo nombre. Dios Fuerte, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.
En esta hora vengo ante tu presencia para decirte que sin Ti no soy nada. Te necesito más que antes, lléname de Ti y de tu Santo Espíritu. Perdóname y guíame en Tu Camino, enséñame y ayúdame a cumplir cada día tus Leyes y Mandamientos. Padre Eterno, te confieso que he tenido muchas batallas, y en cada una de ellas he sufrido, llorado; y hasta he llegado a sentir que me has dejado solo/a. Es ahí cuando veo lo contrario, en verdad Tú siempre estás conmigo. Gracias Señor poque en mis momentos de desesperación y pruebas, Tú siempre me has sostenido y nunca me ha dejado. Padre Eterno, tu consuelo es mi fortaleza. Una cosa he aprendido, que las batallas y las vicisitudes de la vida, no la puedo pelear sola; necesito de Ti. Padre Eterno, en esta hora te entrego mi batalla; Tú la pela mejor. Descanso y creo en Ti, en tu Palabra y en tu Promesas donde dice que “La batalla no es de ustedes, sino de Dios” (2 Crónicas 20:15). Gracias Señor por tu cuidado, por librarme de mis enemigos; y por sanarme. Oh, Jehová, clame a Ti y Tú me sanaste. En el Nombre de tu Hijo amado Jesucristo y Su Santo Espíritu; te doy gracias. Amén.

Mensaje de Dios

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