Jehová Dios mío, a Ti clamé, y me sanaste (Salmo 30:2 (RVR60).
La oración es poderosa y efectiva, y en estos momentos, clamo a Dios en oración porque Él es mi Sanador. Él tiene el poder para sanar toda enfermedad y dolencia. Así como la mujer con el flujo de sangre tocó el Manto de Jesús y fue sanada, nosotros también podemos experimentar Su milagro al clamar a Él con fe. Dios escucha nuestras peticiones, tal como escuchó el clamor de aquella mujer desesperada. Él es el mismo Dios de ayer, hoy y por todos los siglos, Su poder no ha cambiado, ni Su amor por nosotros. Gracias, Padre Eterno, porque cuando clamo a Ti, me escuchas y me sanas. Tú eres mi refugio en tiempos de angustia y enfermedad, y confío plenamente en Tu promesa de sanidad y restauración. Gracias Padre de amor y misericordia. Te adoro y bendigo Tu Santo Nombre. Hoy puedo decir con certeza:
Jehová Dios mío, a Ti clamé, y me sanaste (Salmo 30:2 (RVR60).
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