Así Peleo Mis Batallas

Así Peleo Mis Batallas en el Nombre de Jesús. Peleo mis batallas de rodillas orando, creyendo por fe que Dios me responderá y peleará por mí. Bien lo dice Su Palabra: “No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, Él es el que pelea por vosotros” (Deuteronomio 3:22). “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (Salmos 27:3). No Temas porque Dios está contigo.

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 2 Corintios 4:7

Hermanos no hay porque retroceder cuando las tormentas y los obstáculos se interponen en nuestros caminos; más bien debemos hacerle frente en oración en el nombre de Jesús. El enemigo es el causante de influir temor en la vida de un ser humano para mantenerlo en esclavitud. La Biblia dice que cuando David se enfrentó a Goliat para vencerlo; él se dio prisa y corrió a la línea de batalla:

“En cuanto el filisteo avanzó para acercarse a David y enfrentarse con él, también éste corrió rápidamente hacia la línea de batalla para hacerle frente. Metiendo la mano en su bolsa sacó una piedra, y con la honda se la lanzó al filisteo, hiriéndolo en la frente. Con la piedra incrustada entre ceja y ceja, el filisteo cayó de bruces al suelo” (1 Samuel 17:48-49).

Me llama la atención que David, se movió rápidamente a la línea de la batalla, él le hizo frente al gigante. David no le dio miedo, ni se quedó con los brazos cruzados. 

No sé cuál es el Goliat que te está haciendo la guerra, pero una cosa sé y la Palabra de Dios lo confirma; que David se encomendó a Dios para derrotar al gigante; y obtuvo la victoria. Tú también la puedes obtener.

David se enfrentó al gigante en el nombre de Jesús y lo venció porque estaba revestido del poder de Dios. No era la primera vez que David se enfrentaba a un gigante, él también peleó con un oso y un león, matándolos con sus propias manos. La Mano de Dios estaba con David siempre. David le hacía frente a su gigante no con sus fuerzas, sino con las fuerzas del Dios vivo.

¿Cómo se llama tu gigante? ¿Cuáles son los gigantes que están impidiendo que nos acerquemos más a Jesús? Quizás para ti ese gigante es grande; pero para Dios es nada. Confía en Él y Él hará.

Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos. Oren también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas. Oren para que lo proclame valerosamente, como debo hacerlo: (Efesios 6:10).

Peleo mis batallas de rodillas orando y alabando al Señor nuestro Salvador. Peleo mis batallas llevando cautivo todo pensamiento. Peleo mis batallas agarrada de la Mano de Dios, en ayuno y oración. Peleo mis batallas en obediencia ante Dios.

David peleó sus batallas pidiéndole ayuda a Dios, y Él lo ayudó; y le dio la victoria. Y tú… ¿Cómo peleas tus batallas?

Mensaje de Dios
www.ministeriosdesanidad.org

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