¿Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador! (Salmos 42:5).

Por quien tenemos también, por la fe, acceso a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5:2).

Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo en Él he puesto mi esperanza (Salmos 62:5).

Palabra de Dios
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