“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Cuando nos humillamos estamos más cerca de Dios y Él nos responde con poder y misericordia. “Después de esto derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2:22-26).

Voy a compartir este sueño que tuve el siete de Julio del año 2012 y quiero que preste mucha atención a lo que Dios está revelando a Su pueblo. Soñé que la humanidad estaba temerosa y corriendo de aquí para allá y de allá para acá para salvar sus vidas.

Solo escuchaba el grito de gentes corriendo y escondiéndose de las bestias. Las bestias era el terror de toda la humanidad, estaban dondequiera para devorar al ser humano.

Yo me veía orando en el Espíritu para que las bestias no llegaran a mí, el terror aumentaba y solo se escuchaba el grito. Las gentes hablaban de sus encuentros aterradores con las bestias y el daño que estas les causaban. Yo no había visto ninguna en mi caminar, solo escuchaba de lo peligrosa que eran. De repente me encontraba en una calle y en mi camino me encontré con unas bestias, quedé sorprendida porque las bestias no eran animales; eran seres humanos.

El razonamiento de estos seres humanos era como de bestias muy malas, no respetaban a nadie, su único objetivo era devorar y matar. Cuando me vi en esa situación, solo me puse a orar en el Espíritu y clamar la protección del Señor. Mientras más oraba más se retiraban de mi, pero aparecían más.

Seguía orando y clamando a Dios para que se vayan de mi camino. Yo iba caminando y orando a la vez, y las bestias estaban a los lejos, pero seguían ahí. En mi interior deseaba orar con otras intercesoras porque eran muchas bestias.

Mientras caminaba, me encontré con una fila larga de muchas mujeres de todas las edades, jóvenes, madres adultas y mujeres avanzadas ya en edad agarradas de brazos como en cadenas orando en el Espíritu y clamando a Dios.

Corrí hacia ellas para unirme a la cadena en oración. De momento las bestias estaban furiosas y se acercaron a nosotras listas para atacarnos. Eran muchas y nos hicieron un círculo, nos encontrábamos en el medio orando en el Espíritu y sin temor. Mientras más orábamos, más las bestias se enojaban.

De repente las bestias se lanzaron a la misma vez para atacarnos, pero rebotaron hacia el suelo. Había una muralla invisible que nos protegía de las bestias. ¡Las bestias no nos podían tocar!

Dios había puesto una muralla invisible de protección en nosotras. Hermanos que me lee, hoy el Señor nos está mandando a orar no hay tiempo que perder. El juicio de Dios vendrá de repente, como un ladrón en la noche (1 Tesalonicenses 5:2), y debemos estar preparados a tiempo y fuera de tiempo.

Te voy a decir algo más; cada vez que busca a Dios en espíritu y en verdad, con toda tu alma y corazón, y clama Su protección, el Señor por Su misericordia construye una muralla invisible donde el miedo y el enemigo no te podrán tocar.

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.” (Isaías 55:6-7).

Bendiciones

Escrito el 16 de Agosto de 2012
Escrito originalmente para www.ministeriosdesanidad.org

“Otra vez os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos,porque donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” ( Matthew 18:19-20).


LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here