Tenemos la tendencia de acordarnos de Dios en los tiempos malos cuando las cosas nos van mal y olvidarnos de Él cuando todo anda bien. El Pueblo de Israel también tenía esa tendencia de olvidar de dónde Dios los había sacado. Hoy el Señor nos viene a recordar estas Palabras para meditar en ella diciéndonos:

“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir Sus mandamientos, Sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y Él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día” (Deuteronomio 8:11-18 (RVR1960).

¿Cuántas veces el Señor nos ha librado de caídas y qué olvidadizo somos verdad? Medita en los beneficios que Dios te ha hecho y cuántas veces te ha librado del peligro y de la muerte. Has una lista de todos los beneficios que Dios ha realizado a tu vida y nunca te olvide de dónde Él te sacó. Personalmente, mi lista seria bien larga cuando recuerdo lo que Dios ha hecho por mí. Si no hubiera sido por el Señor mi alma estaría perdida sin rumbo y sin dirección. Dios me ha librado del peligro y de la muerte, desde mi nacimiento. Su Mano siempre estaba y está ahí para sanarme y levantarme, gracias Padre Eterno.

Recordando los beneficios de Dios, hoy les testifico que todos los años mi familia y yo visitábamos el Rio de Ramón Santana en la República Dominicana. El viaje se convirtió en una tradición familiar y mis padres invitaban a los vecinos cercanos para ir al rio. Mi madre preparaba el famoso dulce de coco para la ocasión y llevaba muchas comidas para disfrutar un pasadía en familias. Mi padre tenía un camión y se llenaba de gentes en dirección al rio. En el camino cantábamos, hacíamos chistes y disfrutábamos del hermoso paisaje. Recuerdo cuando llegamos al lugar, mi madre nos dio órdenes que teníamos que bañarnos en la orilla del rio, para ese entonces, yo tenía alrededor de ocho a nueve años de edad. Había muchas gentes bañándose en el rio, todo marchaba bien, hasta que sentí que mis pies no tocaban fondo. Sin darme cuenta, las olas del rio me llevó más allá de la orilla. Ya todo mi cuerpo y mi cabeza estaban sumergido en las profundas aguas y sin saber nadar. En medio de mi desesperación luché debajo del agua para ver si me agarraba de algo y así no ahogarme. Finalmente, sentí unos pies de alguien y lo agarré con todas mis fuerzas, eran los pies de una mujer bien alta que estaba nadando en lo profundo del rio. Ella sintió mis manos y luego extendió sus manos y me sacó a flote. Recuerdo cuando me llevó a mi mamá, ella le contó todo lo sucedido. Mi madre me regañó tanto que ese día me prohibió entrar al rio. Te confieso que ese regaño fue el regaño más dulce de mi vida. Nunca me olvido los beneficios de Dios y lo que Él hiso ese día conmigo.

No sé por lo que tú estás pasando ahora mismo, pero lo único que sé es que, Dios guarda y cuida de Sus hijos las veinticuatro horas del día. Tal vez te sientes ahogar a tal manera que te encuentras sumergido (a) en las profundidades de las aguas y no sabe ¿qué hacer? Clama a Dios de corazón, no importa cuán pequeña o profunda sea tu situación, Él te escuchará. El Libro de Jonás, habla que él también se encontró en las profundidades y desde ahí Dios lo escuchó. Él reconoció los beneficios que Dios por Su misericordia hiso y dijo: “Invoqué en mi angustia a Jehová, y Él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste” (Jonás 2:2 (RVR1960). Cuando yo me encontraba ahogándome en el rio, yo sé que Dios envió a esa mujer para rescatarme. Hoy día no olvido nunca de dónde Dios me ha sacado. Jonás se arrepintió y clamó a Dios desde las profundidades de las aguas y Dios lo escuchó. Dios lo sacó a la orilla del mal preservando su vida.

Hay profundidades que no tienen nada que ver con rio o con el mar, pero existen profundidades dolorosas en diferentes áreas de la vida donde las personas se siente ahogar. ¿Cuál es tu profundidad que no te deja subir a flote? ¿Qué tan profundo estás que no encuentras dónde agarrarte? Conozco a Uno que sabe muy bien tus profundidades y hoy viene a sacarte a flote para darte vida y vida en abundancia, Su Nombre es Jesús de Nazaret. Él es el Único que conoce lo alto y lo profundo de cada paso que damos en la vida. Arrepiéntete y entrégale tu alma a Él y verás cómo Dios te ayudará a pisar en terreno firme. Recuerda de dónde Él te sacó y dale la gloria y la honra. Dios te ha preservado porque tiene grandes planes para tu vida. Búscalo, bendice Su nombre y no olvide de dónde Él te sacó.

Oremos:

Gracias Señor por extender Tu Brazo de misericordia para levantarme. Gracias porque Tú nunca me has dejado y nunca me has desamparado. Padre Eterno, ayúdame a recordar todos los benéficos que Tú me has hecho. Señor gracias por ser mi Pronto Auxilio en la tribulación, en el dulce Nombre de Tu Hijo Jesús te doy gracias. “Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de Sus beneficios” (Salmos 103:2).

Escrito por: Bv. Flores
www.ministeriosdesanidad.org

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here