Las palabras de mal gusto y cargadas de maldad, tienen el objetivo de causar daño y esto no procede de Dios. Satanás estas detrás de todo eso, pues él es un acusador y padre de mentiras. Los hijos de Dios no debemos permitir esa puerta, es tiempo de discernir al momento de escuchar una conversación cuando no viene de Dios. Es deprimente cuando un cristiano regresa al estado carnal donde Dios lo libertó y utiliza un lenguaje que no es el de un hijo de Dios. Cuando los cristianos se destruyen unos a otros, todo el cuerpo de Cristo padece las consecuencias.

El Señor nos manda a meditar en lo bueno y no en lo malo, Su anhelo es que en nuestros pensamientos solo se encuentren palabras de buen gusto. Filipenses 4:8 nos confirma lo que Dios quiere en nosotros. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. El Señor Jesucristo demanda de nosotros guardar nuestros corazones porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias (Mateo 15:19). La manera en que nos expresamos es una responsabilidad y consideración hacia los demás, lo que sale de nuestros labios, puede resultar para bien o para mal.

Nuestras palabras pueden causar heridas profundas y difíciles de curar o pueden ser de sanidad para el que la acepta y la recibe. Cuando nuestras palabras son de mal gusto, éstas pueden alejar a un amigo, a un familiar y lo más importante alejarnos de Dios. Dios desea que nuestras palabras sean de buen gusto al oyente. Las palabras que salen de la boca de un ser humano determinan el carácter y definen el corazón de la persona si es digna de confianza. El Señor está a la puerta, tocando para cambiar nuestros corazones de todas las impurezas que impiden acercarnos a Él. Él es el Cirujano de corazones y tiene el poder para limpiar, sanar y cambiar el corazón de un ser humano para que sea de bendición a los demás.

Señor ayúdanos a conducirnos con amor y considerar a los demás, ayúdanos a caminar y pensar sabiamente. Que mis pensamientos y las intenciones de mi corazón sean gratos. “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, Roca mía, y Redentor mío”. Salmos 19:14

Bendiciones

Mensaje de Dios

Escrito por Bv. Flores

www.ministeriosdesanidad.org

 

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