En mi angustia clamé al SEÑOR pidiendo ayuda. Y Él me escuchó desde Su templo; mi clamor llegó a Sus oídos. Entonces la tierra tembló y se estremeció, y los cimientos de las montañas se sacudieron y temblaron. Desde lo alto extendió Su mano, me tomó y me sacó del mar profundo. Me rescató de las aguas profundas. Me liberó de mi recio enemigo, de los que me odiaban; a mí, que estaba indefenso en manos de ellos. El día de mi mayor debilidad, me atacaron; pero el SEÑOR me sostuvo. Me llevó a un sitio seguro, porque en mí se deleita.
El SEÑOR me recompensó porque hice lo recto y fui puro, porque yo he cumplido Sus mandatos y no he pecado dejando de seguirlo. Mantuve celosamente todas Sus leyes; no rechacé ni una sola. Hice cuanto pude por guardarlas todas, y me abstuve de hacer el mal. El SEÑOR me ha recompensado con Sus bendiciones conforme a la limpieza de mis manos. SEÑOR, ¡qué Fiel eres con los fieles! ¡Que intachable eres con los intachables! Con los puros eres puro, pero hostil con el malvado.
Palabra de Dios Salmos Salmo 18:2-26
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