Cada Día Te Bendeciré Señor
Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu Nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, y alabaré tu Nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y Su grandeza es inescrutable” (Salmos 145:1-3).
En el Salmo 145, el rey David reconoció que Dios era y es el Rey de reyes y Señor de señores. El Salmista declaró también la grandeza y poder de Dios. David reconoció que siendo él el rey de Israel, había un Rey más grande que él por todas las generaciones; el cual, se merece toda la gloria y toda alabanza por los siglos de los siglos.
En el Salmo, el Salmista David apropia a Dios como su Rey “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey” (Verso 1). Esto significa que exaltar a Dios es alabar Su Nombre, es humillarse ante Su presencia con acción de gracia y gratitud. Es pararse en la Roca inmovible y Su nombre será exaltado para siempre. “Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de Su majestad.
La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día” (Isaías 2:10-11). Aclamad a Jehová, porque Él es bueno; porque Su misericordia es eterna” (1 Crónicas 16:3).
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4).
Así como el rey David, todos debemos exhortar al Rey de reyes y Señor de señores, el Santo de Israel; Jehová de los Ejércitos es Su Nombre.
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