La vida cristiana es una Carrera de resistencia que conlleva mucha disciplina. El apóstol Pablo llegó a comparar la vida del creyente en Cristo como a un atleta de campo y pista que se prepara para la carrera. Él nos brinda esta tremenda comparación en 1 Corintios 9:24-27: 24 diciendo: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. Este tema se centra en la vida de un atleta y el hábito de disciplina que tiene que hacer para llegar a la meta. No me voy a enfocar en ese aspecto, si no en el aspecto que el apóstol Pablo nos quiere decir en su mensaje.

Así como los atletas practican y fortalecen sus músculos para las competencias, de igual manera, los cristianos debemos de tener fe y recurrir a la Palabra de Dios en ayuno y oración para que nuestros músculos espirituales estén fuertes y saludables. La fe mueve montañas.
El ayuno sin oración no tiene sustancia, en otras palabras, el ayuno sin oración carece de poder. El ayuno es beneficial en la vida del creyente debido a que renueva el alma, se rompen cadenas y brinda avivamiento en la vida espiritual.

¿Por qué voy a ayunar? Ayunamos para buscar el Rostro de Jehová. Ayunamos para vaciarnos de cosas que impide llegar a la presencia de Dios, de nodo que nos vaciamos y permitimos que Dios nos llene de Su Santo Espíritu. En esta etapa tenemos que buscar la presencia de Dios con un espíritu humilde, quebrantado y arrepentido. Ayunamos para que Dios nos guíe en diferentes situaciones y conflictos que se presentan en la vida. Ayunamos para recibir el perdón de Dios. Ayunamos para que Dios repare y envié sanidad. Ayunamos para derribar en el nombre de Jesús las artimañas de nuestros adversarios. Ayunamos para ser restaurados y crecer más en los Caminos de Dios. Al ayunar, es necesario presentarnos ante Dios con un espíritu arrepentido confesando los pecados que hayamos cometido, porque a un corazón arrepentido y humillado el Señor nunca lo despreciará. Cuando ayunamos recibimos discernimiento y la respuesta de Dios a nuestras peticiones de acuerdo a Sus Planes Eternos.

Cuando Daniel ayunó durante 21 día, él no comió nada especial, ni probó carne ni vino, ni usó ningún perfume. Al finalizar, Dios inmediatamente le respondió diciendo: “No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y humillarte ante tu Dios” (Daniel 10:2-12). ¡Qué grande y misericordioso es nuestro Dios! A Él sea la gloria y la honra por siempre. Aleluya, aleluya, amén.

¿Cómo voy a ayunar? Cuando leemos y meditamos las Escrituras, leemos que “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a Él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4 (RVR1960). Fue después de ese ayuno que Jesús empezó a ordenar a Sus discípulos para la Gran Comisión del Evangelio de Dios.

En una ocasión llegó un hombre a Jesús con su hijo endemoniado a pedirle ayuda, “el hombre que se arrodilló delante de Él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: !!Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno” (Mateo 17:14-21 (RVR1960).

El ayuno que Jesús escogió lo realiza haciéndonos unas cuantas preguntas: “¿No es más bien el ayuno que Yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, ¿y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia” (Isaías 58:6-14 (RVR1960). Las buenas obras son buenas y al Señor le aguardan. Dios se acuerda de las buenas obras que hacemos cuando ayudamos al necesitado, pero las buenas obras no salvan. Lo único que salva a un ser humano es cuando se arrepiente de sus pecados y de su mala vida, y acepta al Señor Jesucristo como su Salvador espiritual.

Nuestro Señor Jesús también utilizó el ayuno, por tanto, también nosotros debemos hacerlo. Daniel y la reina Ester, utilizaron diferentes formas de ayunos para poder vencer las maquinaciones de sus enemigos. Ester tuvo razones para convocar ayuno por tres días cuando Mardoqueo le aviso acerca del peligro que corría el pueblo judío. Él le hiso recordar que ella también era judía. En esa decisión sabia, ella pudo percatarse que, aunque ella se encontraba en el palacio también corría peligro. En su decisión, ella convocó ayuno durante tres días buscando la presencia de Dios y Dios la escuchó y salvó a su nación.

Las alabanzas, el ayuno y la oración, son armas espirituales que Dios nos otorga como cristianos para derribar fortaleza. Somos soldados de Cristo, por tanto, es necesarios que estemos equipados con Sus armas para poder pelear contra los ataques de nuestros adversarios. “Porque las Armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, (2 Corintios 10:4-5 (RVR1960).

Oremos: Padre Celestial, gracias por cuidarnos como las gallinas cuidan a sus polluelos debajo de sus alas. Gracias Padre Eterno por adoptarnos como tus hijos. Gracias Padre mío y Dios mío por hacerme entender que no estoy sola (o), que tengo un Padre que me defiende y pelea por mí. Señor, dame sabiduría para saber cómo entrar en tu presencia en alabanzas, ayuno y oración. Dame la fortaleza y entendimiento de tu Palabra. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

Escrito por: Bv. Flores
www.ministeriosdesanidad.org

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