Jehová, ¿quién habitará en tu Tabernáculo? ¿Quién morará en tu Monte Santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmos 15 (RVR1960).

El salmista empieza el Salmo con dos importantes preguntas que nos concierne a todos. Mis preguntas serian entonces, ¿Cuántos de nosotros nos gustaría morar en la presencia de Dios cada día? ¿Cuántos de nosotros nos gustaría disfrutar y sentir el toque del Dios Altísimo? Dios habita en medio de la alabanza de Su pueblo. Cuando nuestros pensamientos están conectados con Dios, Él nos dirige a cómo hablar y cómo ver las cosas en otra perspectiva de fe. Cuando andamos con un espíritu justo, podemos actuar con justicia. Cuando andamos con una mente enfocada en Cristo, no hay lugar para las calumnias. Una persona que se la pasa calumniando a sus hermanos es difícil que entre al Tabernáculo de Dios al menos que se arrepienta y cambie por completo su conducta de calumniar y hablar mal de los demás.

Quien no habla mal de nadie, ni busca el mal de nadie, ni ofende a nadie, tiene acceso para entrar al Tabernáculo de Dios. Este espíritu de calumnia es un veneno muy peligroso que divide familias, amistades y naciones. En estos tiempos, ese espíritu está cobrando mucha fuerza, vemos personas que se entretienen con lo que le esta pasando a sus vecinos y hablan mal de ellos como también, se gozan al ver cuando le va mal. La cosa es buscar la manera de calumniar a las personas.
El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche contra su prójimo será bien visto por Dios, Él siempre estará escuchando y contestando sus oraciones. Las calumnias impiden que nuestras oraciones lleguen al Trono de Dios.

¿Qué significa calumnia?

La calumnia es una aseveración maliciosa e imaginada para hacer daño o deshonrar a una o varias personas en específico. Las calumnias son chismes creados para aplastar a cualquiera que se entrecruce con una persona chismosa. Dios es bien severo con este tipo de personas y les advierte en Levítico que, “no andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová” (Levítico 19:16 (RVR1960). La calumnia es un acto malicioso. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” dice Jehová, el que escudriña el corazón y escucha todo lo que sale de la boca.

La palabra calumnia en el lenguaje hebreo significa “ragal”, que significa espiar. Esto quiere decir que la personas que escogieron el oficio de calumniar se las pasan curioseando y escarbando como las gallinas para conseguir información y luego hablar mal de las personas. Eso lo vemos en todos los ámbitos políticos, artísticos y lo más triste, entre familias. La satisfacción del calumniador es conseguir destruir y degradar a la persona a como de lugar. Este espíritu de calumnia ha sido reforzado con las redes sociales, no estoy en contra de las redes sociales porque con sabiduría le sacamos provecho para llevar el Evangelio de Dios, pero muchos se dan la tarea para usarla maliciosamente hablando mal de su prójimo.

Cuidado de hablar mal de un hijo o una hija de Dios. Los hijos de Dios, los que hemos aceptado a Cristo y hemos sido salvados, lavados y perdonados, tenemos un Dios que nos defiende de toda calumnia. Las calumnias son armas de satanás muy destructivas, pero Dios nos promete que “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová” (Isaías 54:17 (RVR1960). Así hermanos que me leen, antes de calumniar y hablar en contra de un hijo de Dios, piénsalo tres veces para que no reciba juicio de parte de Dios. Dios es bien claro donde dice que “condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio”. Busquemos a Dios y oremos sin cesar para no caer en pecado. Arrepiéntete y renueva tu mente con la Palabra de Dios. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

Oremos: Padre Eterno, ayúdanos a someternos plenamente a Ti. Guarda mi mente y mi corazón y enséñame a retomar lo bueno y desechar lo malo, en el nombre de Jesús. Amén.

Escrito por Bv. Flores
www.ministeriosdesanidad.org

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