Moldeame jesus.jpgJesús

Siempre disfruto las obras de artes cuando visito un museo, me gusta contemplar la manera en que el artista se esmeró para terminar la obra. En una ocasión cuando vivía en Corea del Sur, mi familia y yo fuimos al Museo de Arte en Seúl. En el museo, me llamó la atención un hermoso y gigantesco jarrón muy popular en Corea del Sur. La gran artesanía llenaba casi toda la sala, podía observar cómo los visitantes se tiraban fotografías al lado de la gran vasija debido a su hermosura. Luego nos llevaron a otro cuarto para mostrarnos cómo fue el proceso que utilizó el artista para llegar a completar la obra maestra. En verdad, el proceso que esa hermosa vasija pasó no fue nada bonito.

El taller donde realizaron la gran vasija, estaba lleno de diferentes vasijas, muchas de ellas estaban terminadas, otras quebradas y otras en pedazos. También pude notar el principio para llegar a formar las vasijas. El alfarero agarraba la arcilla para limpiarla con mucha agua y sacar las impurezas para que la masa del barro este suave. Luego que la vasija pasó por muchos procesos de limpieza y moldeamiento, el alfarero emprendió a darle la forma. En cada paso, veía que había un proceso, para luego llevar la vasija al fuego a una temperatura bien caliente.

Por ese proceso pasamos cuando llegamos a la Mano de Dios nuestro Padre Celestial, somos como esa arcilla que tiene que ser limpiada completamente hasta que esté libre de impurezas. Este proceso solamente se puede lograr por las Manos de Dios nuestro Alfarero, El Gran Artista. Él es quien nos moldea para llegar a ser una vasija hermosa en Sus Manos. Cuando andábamos impuros, quebrados y sumergidos en el pecado, éramos semejantes a una vasija sin forma.

¿Cómo estas tu vasija? ¿Estás en proceso? ¿Estás quebrada? o ¿Estás en pedazos?

Cuando observaba el taller del alfarero en el museo, vi algo impresionante, vi un gran zafacón para tirar las vasijas que se partían en pedazos. Eran desechadas, no las querían más, ya no eran útil. Hoy el Señor te dice: “no importa tu condición, ven a Él como estas que Él te quiere moldear”. Los artesanos tiran a la basura las vasijas que se parten en pedazos, pero el Alfarero, nuestro Padre Celestial, recoge lo que para algunos no sirve y lo transforma en una vasija hermosa, útil y muy valiosa.

El Señor nuestro Dios, vino a nuestras vidas y nos dio forma, somos obra de Sus Manos. Deja que el Señor moldee tu vasija, Él moldeó mi vasija y la llenó de Su amor, no porque lo mereciera, sino por Su misericordia.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9-10) (RVR1960).

Dios moldeó con Sus Manos nuestras vidas, todo lo hizo por Su amor incondicional. Somos Su perfecta obra maestra porque Él tiene un Plan maestro para nuestras vidas. Bendito sea el Señor Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria Espíritu Santo.

“Ahora pues, Jehová, Tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y Tú el que nos formaste; así que obra de Tus Manos somos todos nosotros” (Isaías 64:8).

Dios sacó todas nuestras impurezas y nos dio vida. Él nos dio belleza no solamente por fuera sino también por dentro, Él nos creó, somos obra en Su mano para llevar Su palabra. “Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Efesios 2:10/ Filipenses. 1:6).  ¡Cuán grande es Su misericordia!

“He aquí, como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en Mi Mano, casa de Israel” (Jeremías 18:6).

Aquí estoy Señor ante tu presencia para que hagas de  lo que Tú quieras. Moldéame como moldea al barro el alfarero, y haz de mí un instrumento útil para ti Señor. Moldéame Señor. Mi vida te la he entregado a Ti oh Dios, Jesús es Tu Nombre, Mi Salvador y Señor. Todo lo que soy y todo lo que tengo se lo debo a Él. Gracias Padre Eterno.

Bv. Flores
www.ministeriosdesanidad.org

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